Astrónomos checos alertan que la lluvia de meteoros oculta enormes asteroides que podría arrasar continentes


Hace unos días publicamos como un astrónomo de la NASA advertía sobre la posibilidad de que una enorme roca espacial pudiese impactar contra la Tierra, causando caos y destrucción. Ron Baalke, un explorador espacial en el Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA en Pasadena, California, twitteo una lista de cinco asteroides conocidos que se espera que pasen peligrosamente cerca de la Tierra en este mismo año y en 2018.

El primer acercamiento tendrá lugar el 23 de julio, cuando el objeto 2017 BS5, se prevé que tenga un diámetro de 40 a 90 metros, y pasará a 3,15 distancias lunares de la Tierra. Aunque el acercamiento más peligroso tendrá lugar el 12 de octubre, cuando el objeto 2012 TC4 pase a tan sólo 0,15 distancias lunares de la Tierra, aunque parece ser que afortunadamente el asteroide es de tan sólo de 12 a 27 metros de diámetro. Los otros tres encuentros cercanos tendrán lugar el 3 de diciembre, 24 de febrero y el 2 de abril. Pero parece haber un peligro mucho mayor que estos asteroides. Investigadores del Instituto de Astronomía de la Academia de Ciencias de la República Checa aseguran que la lluvia de meteoros de las Táuridas, el cual ocurre entre los meses de octubre y noviembre de cada año, podrían ocultar asteroides apocalípticos.

A las puertas del Armagedón

La lluvia de meteoros de las Táuridas, el cual ocurre entre los meses de octubre y noviembre de cada año cuando la Tierra pasa entre los fragmentos desprendidos del llamado cometa Encke, podrían ocultar peligrosos asteroides. Esto es lo que han descubierto un equipo de investigadores que llevan tiempo investigando la lluvia anual de meteoros de las Táuridas. Y han advertido que los fragmentos cósmicos de roca y hielo podrían ser lo suficientemente grandes como para acabar con continentes enteros.

Según los investigadores, uno de estos fragmentos podría impactar contra la Tierra en 2022, 2025, 2032 o 2039. Cada año, desde finales de octubre, los cielos acogen a la lluvia de meteoritos, conocido como “fuegos artificiales de la naturaleza”. Las Táuridas es creado por fragmentos dejados por el cometa Encke, bautizado así por el astrónomo que descubrió su trayectoria anual en 1819.

Los investigadores del Instituto de Astronomía de la Academia de Ciencias de la República Checa han estado manteniendo un registro de estos fragmentos. Se han encontrado con dos asteroides, llamados 2015 TX24 y 2005 UR, que son parte de una rama no descubierta de los restos de las Táuridas. Esta rama potencialmente peligrosa pasa una vez cada pocos años cerca de la Tierra, causando un mayor número de estrellas fugaces. Los próximos acercamientos se prevé que ocurran en 2022, 2025, 2032 y 2039.

Las rocas espaciales miden de 200 a 300 metros de ancho y ya han sido añadidos en la lista de asteroides “potencialmente peligrosos” de la Unión Astronómica Internacional (UAI). Sin embargo, el equipo de investigadores checo ha mostrado su preocupación debido a que el campo de escombros oculto puede contener objetos aún más grandes.

“Dado que los asteroides son de tamaños de decenas a cientos de metros representan un peligro para la Tierra, incluso si son intrínsecamente débiles, el peligro de impacto aumenta significativamente cuando nuestro planeta se encuentra con la nueva rama de las Táuridas cada pocos años”, escribieron los investigadores checos un artículo publicado en ArXiv.  “Otros estudios nos llevan a una mejor descripción de la fuente real de los objetos potencialmente peligrosos, que puede ser lo suficientemente grandes como para causar daños a nivel regional e incluso continental en la Tierra, por lo tanto, es extremadamente importante.”

Los expertos advierten que el impacto de uno de estos asteroides podría superar en creces al impacto más grande de un objeto espacial que se haya documentado, una explosión en Rusia del tamaño de 185 bombas de Hiroshima. Conocido como el evento de Tunguska, la explosión se produjo después de que una gran bola de fuego cruzo el cielo de Siberia el 20 de junio de 1908. Provoco un cráter de más de 9 kilómetros sobre la tierra, aplanando 80 millones de árboles y con miles de cadáveres carbonizados de renos.

Se cree que la misteriosa explosión fue producida por un cometa o asteroide de las Táuridas que consiguió pasar a toda velocidad a través de la atmósfera terrestre. Entonces, si uno de estos objetos en las Táuridas fuera lo suficientemente grande como para atravesar la atmósfera sin desintegrarse, el daño sería catastrófico.

 



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