Su acto era simple: entrar por la puerta más pequeña. Cuarenta centímetros de ancho. Sin doblar. Sin agacharse.
Nadie sabía cómo lo hacía. Nadie quería saberlo.
"El sonido que hace… no es normal. Los huesos no deberían sonar así."
Un médico que asistió al show pidió verlo después. Lo encontraron a la mañana siguiente dentro de su consultorio. La puerta estaba cerrada con llave. La ventana, intacta.
El médico no recordaba cómo había entrado. Solo repetía: "No tiene columna. No tiene columna. No tiene columna."